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Como elemento fundamental en la acuicultura, la alimentación determina directamente la tasa de crecimiento, la tasa de supervivencia y la calidad del producto final de los peces, camarones, cangrejos y otras especies acuáticas de cultivo. Asimismo, influye profundamente en la calidad del agua de los estanques, los costos de cría y la rentabilidad. Con la transformación gradual de la industria acuícola hacia la estandarización, el perfeccionamiento y la ecologización, abandonar el método tradicional de alimentación extensiva e implementar medidas científicas y estandarizadas se ha convertido en la clave para reducir las pérdidas de alimento, minimizar la incidencia de enfermedades y mejorar la rentabilidad de la cría. El objetivo principal de la alimentación científica es lograr una mínima pérdida de alimento, una máxima absorción y una calidad óptima del agua, y construir un sistema de alimentación eficiente y sostenible mediante la gestión integral de la selección del alimento, los métodos de alimentación, el ajuste dinámico y el mantenimiento.
La selección precisa de piensos adecuados es el requisito principal para una alimentación científica. Las especies acuáticas en diferentes etapas de crecimiento tienen requerimientos nutricionales significativamente distintos, por lo que no se deben usar piensos universales indiscriminadamente. En cuanto a las características de las especies, los peces carnívoros, como la corvina amarilla y la lubina, tienen una alta demanda de proteína animal y requieren piensos especiales con altas proporciones de harina y aceite de pescado. Los peces omnívoros, como la carpa herbívora y la tilapia, pueden alimentarse con piensos con predominio de proteína vegetal. Para crustáceos como el camarón patiblanco y el cangrejo de fango, se requieren piensos especiales ricos en calcio, fósforo y otros minerales para satisfacer sus necesidades de crecimiento durante la muda. En cuanto a las etapas de crecimiento, los alevines tienen una condición física débil y una digestión deficiente, por lo que se necesitan piensos finos, digeribles y nutricionalmente equilibrados, en forma de gránulos o micropartículas, para asegurar su ingestión y absorción. Los peces en etapa de crecimiento crecen rápidamente y pueden alimentarse con piensos compuestos convencionales con suplementos equilibrados de proteínas, vitaminas y oligoelementos. Durante la etapa de engorde, la fórmula del alimento se puede ajustar adecuadamente optimizando la proporción de grasas y carbohidratos para acelerar el aumento de peso. Además, se deben seguir estrictamente los estándares de calidad del alimento en la cría. Se prohíbe el uso de alimentos mohosos, húmedos, caducados o deteriorados para prevenir que sustancias nocivas causen enfermedades hepáticas, de la vesícula biliar y gastrointestinales en los organismos acuáticos, protegiendo así su salud desde el origen.
El estricto cumplimiento de las directrices científicas de alimentación y la estandarización de las operaciones diarias de alimentación son medidas fundamentales para mejorar la eficiencia de conversión alimenticia. La alimentación en acuicultura debe seguir el principio estandarizado de las "cuatro fijaciones": tiempo fijo, lugar fijo, calidad fija y cantidad fija. La alimentación en horarios fijos debe ajustarse a los hábitos alimenticios de los organismos acuáticos. La mayoría de los peces de agua dulce son aptos para alimentarse a temperaturas diurnas adecuadas, con 3 a 4 horarios de alimentación uniformes al día para establecer hábitos alimenticios regulares. La frecuencia de alimentación puede reducirse en épocas de bajas temperaturas y aumentarse adecuadamente en la época de crecimiento de altas temperaturas. La alimentación en lugares fijos evita las zonas muertas del estanque y las áreas de acumulación de sedimentos. Las posiciones óptimas con agua fresca, profundidad adecuada y luz suficiente permiten que los organismos acuáticos se reúnan para alimentarse, reducen la dispersión y el desperdicio de alimento, y facilitan la observación de la alimentación y la limpieza de los restos de cebo. El principio de alimentación de cantidad fija se adhiere al estándar de "llenado al ochenta por ciento". La cantidad diaria de alimento, generalmente del 2,5% al 3% del peso total de los productos acuáticos, se calcula con precisión en función de la densidad de cría, las especificaciones acuáticas y la biomasa total. Cada sesión de alimentación finaliza cuando entre el 80% y el 85% de los organismos acuáticos terminan de alimentarse y se dispersan, evitando así el deterioro de la calidad del agua causado por un exceso de cebo residual o un crecimiento atrofiado debido a una alimentación insuficiente.
El ajuste dinámico de los esquemas de alimentación según los cambios ambientales es una técnica clave para una producción estable y creciente. La actividad alimenticia y la eficiencia digestiva de los organismos acuáticos se ven muy afectadas por la temperatura del agua, el clima, la calidad del agua, el oxígeno disuelto y otros factores ambientales, lo que hace que los modos de alimentación fijos no sean aplicables a condiciones de cría variables. La temperatura del agua es un factor crítico: los organismos acuáticos tienen un metabolismo y una capacidad de alimentación vigorosos entre 15 °C y 28 °C con una alimentación normal y completa. Cuando la temperatura del agua es inferior a 15 °C o superior a 32 °C, su actividad y función digestiva disminuyen, lo que requiere una reducción drástica en la cantidad de alimento, y la alimentación puede suspenderse en condiciones climáticas de temperaturas extremadamente bajas. Las estrategias de alimentación deben adaptarse a los cambios climáticos: la alimentación normal es aplicable en días despejados y sin viento con suficiente oxígeno disuelto. La cantidad de alimento debe reducirse entre un 30 % y un 50 % en días nublados, bochornosos y con niebla, con oxígeno disuelto insuficiente. La alimentación debe suspenderse de una a dos veces después de tormentas hasta que la calidad del agua se estabilice, debido a la turbidez del agua y la alteración de la flora microbiana. Es fundamental realizar un seguimiento regular de la calidad del agua. Cuando el nitrógeno amoniacal y los nitritos superan los límites permitidos, o cuando la transparencia del agua disminuye y su calidad se deteriora, se debe reducir la cantidad de alimento suministrado para evitar que los restos de cebo agraven la contaminación del agua y provoquen inundaciones en los estanques y brotes de enfermedades.
Optimizar la gestión de la alimentación suplementaria garantiza a largo plazo la mejora de la calidad y la reducción de costes. Por un lado, se pueden combinar científicamente cebos naturales y piensos artificiales. En la fase de cría de alevines, se pueden utilizar cebos naturales como la leche de soja hervida y el plancton para compensar las deficiencias nutricionales de los piensos artificiales, mejorar la tasa de supervivencia de los alevines, reducir los costes de cría y lograr una alimentación ecológica. Por otro lado, se pueden aplicar correctamente aditivos para piensos que cumplan con la normativa. Se pueden añadir moderadamente preparados enzimáticos como la proteasa y la lipasa para mejorar la digestión y la absorción de los nutrientes del pienso. Los aditivos protectores del hígado y la vesícula biliar, así como las multivitaminas, pueden mejorar las funciones metabólicas, reducir enfermedades comunes como el síndrome hepatobiliar y aumentar la resistencia al estrés. Además, se requiere una gestión estandarizada del almacenamiento del pienso. Este debe almacenarse en almacenes secos, ventilados y sombreados, con medidas de protección contra la humedad, los roedores y los insectos para prevenir la oxidación, el moho y la pérdida de nutrientes. El pienso debe utilizarse según la demanda para evitar el almacenamiento prolongado y el desperdicio. Además, es necesario patrullar el estanque después de la alimentación para recuperar el cebo flotante residual y limpiar el cebo sedimentado en el fondo. Los aireadores deben funcionar regularmente para aumentar el oxígeno disuelto, favorecer la descomposición del cebo residual y mantener el equilibrio ecológico del estanque.
En conclusión, la alimentación en acuicultura no es una simple operación, sino un sistema de gestión refinado, dinámico y sistemático. Los criadores deben abandonar los métodos de cría extensivos e implementar medidas estandarizadas que incluyan la selección óptima del alimento, una alimentación estandarizada, un ajuste dinámico y una gestión de apoyo para controlar con precisión cada detalle de la alimentación. La alimentación científica puede mejorar eficazmente la tasa de utilización del alimento, reducir los costos de cría y acelerar el crecimiento acuático. Además, protege el medio ambiente acuático de los estanques y reduce la incidencia de enfermedades, lo que contribuye a que la acuicultura alcance altos rendimientos, alta calidad, alta eficiencia y sostenibilidad ecológica, e impulsa el desarrollo estandarizado y ecológico del sector acuícola.